April 17, 2017

El día de ayer fuimos a un establecimiento de préstamos online para recopilar información para una revista financiera, que se dedica a escribir artículos donde se aconseja al empresario mexicano sobre las mejores opciones en el sector financiero que se pueden tomar al enfrentar diferentes situaciones, explicando de una manera simple soluciones a problemas comunes que todo empresario se enfrenta.

Al salir de ahí, mientras íbamos hacia el coche, pasamos enfrente de un dojo de karate muy interesante, ya que tenían en una vitrina una armadura samurái, alumbrada con una tenue luz roja, algo que le daba un aire extraño de vitalidad y veracidad.

El compañero con quien iba se impresionó mucho con aquella armadura y me dijo que siempre le habían interesado mucho los ninjas desde muy pequeño, haciendo esa confusión que algunas personas pueden tener en algunas ocasiones, ya que en nuestra parte del mundo no se nos enseña mucho en esta materia.

Las diferencias entre los ninjas y los samurái son muy grandes; sin embargo, tienen también algunas similitudes, por lo que puede suceder que las personas los confundamos tan fácilmente.

Ambos guerreros son castas marciales provenientes del Japón, a quienes se les empleaba para cumplir misiones, generalmente en nombre del emperador o del Shogunato, a quienes se obedecía ciegamente; sin embargo, el propósito y las tácticas de ambas castas guerreras eran muy distintos, aunque en ocasiones podían participar en la misma misión.

Los samurái era una clase guerrera de élite en los ejércitos del emperador, conformada siempre de nobles y cuya identidad personal era conocida por toda la corte y el pueblo, debido a que eran ellos quienes por lo general salvaban el día en el campo de batalla y por ende la seguridad del emperador, a quien se le veía como un verdadero Dios.

Los samurái, en sus orígenes, tenían tácticas muy parecidas a las que utilizaban las tropas de los ejércitos de Gengis–Kan,  basadas en la revolucionaria caballería de arqueros, quienes cabalgaban de frente hacia una posición, para descargar un mar de flechas hacia el perímetro defensor del ejército opuesto e inmediatamente retirarse como el viento, para regresar de nuevo tres o cuatro veces y repetir lo mismo, y adelgazar o acabar con las líneas enemigas.

Durante el primer siglo de implementación de estas tácticas, los samurái no utilizaban ningún tipo de armadura, debido a que ésta no era necesaria ni adecuada para las técnicas aerodinámicas que utilizaban; sin embargo, al pasar el tiempo y al ganar estatus, los samurái se hicieron de armaduras fabricadas por ellos mismos, convirtiéndose éstas en un trabajo manual invaluable.

Los guerreros ninja tenían una función muy diferente, una que nunca se llevaba a cabo en la luz del campo de batalla, sino en las sombras del secreto, cuya identidad personal de los efectivos nunca era revelada, ni siquiera al mismo emperador.

Los ninjas recibían órdenes secretas, generalmente de asesinato a un gran enemigo o a toda su corte, siempre operando en noches sin luna, donde la obscuridad fuera más espesa.

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