October 30, 2017

Un grupo de amigos de la Universidad y yo decidimos reunirnos después de casi dos años de no vernos, decidimos que la casa de una de nuestras compañeras sería la idónea, ya que tiene una decoración con mármoles travertinos que en la noche y a la luz de las velas hacen que una velada sea mágica. Comenzamos recordando nuestras travesías en la época en la que fuimos estudiantes, las borracheras, los momentos difíciles que atravesamos, los amores y desamores, entre muchos otros. Después pasamos a nuestra experiencia laboral y a debatir entre los sueldos que recibíamos cada uno de nosotros. Aquí surgió un tema interesante.

Uno de mis amigos se quejaba de que lo habían contratado en una empresa por cierta cantidad de dinero para realizar dos actividades en específico, pero con el transcurso de los días le fueron dando pequeñas tareas extras, las cuales no estuvo dispuesto a realizar a menos que le subieran el sueldo, ya que no habían quedado en eso cuando lo entrevistaron. Nos contó que su jefe le dio la razón, le dijo que no lo hiciera y que se dedicara a sus labores. Nos resultó rara la actitud de su superior, pero después reveló que varios han ido subiendo de puesto y de salario, mientras él sigue estancado en el mismo lugar. “Yo no voy a hacer trabajo que no me corresponde sólo por quedar bien, si me quieren ascender que sea por mi trabajo”, nos dijo cuando le explicamos que a veces hay que dar un extra para sobresalir entre el montón, de lo contrario podrías quedar como un quejumbroso y no te darán ni una oportunidad.

La mayoría coincidimos en que la mentalidad de un ganador siempre debe estar en superarse, mirar hacia arriba y escalar tan alto como sea posible. El cielo es el límite. Creo que hay veces en las que debemos esforzarnos más de lo necesario, realizar tareas que no nos correspondan y hasta quedarnos quizá más tiempo de lo debido con el objetivo de que sea reconocido nuestro empeño y con el paso de los meses ser remunerados económicamente y hasta con una ascenso para realizar nuevas tareas que podrían apasionarnos y llenar nuestras vidas.

Aunque el hacer estrictamente lo necesario no está mal, puede ser un arma de doble filo. Lo bueno es que sabes lo que vale tu trabajo y no estás dispuesto a regalarlo, por lo que exiges se te pague lo que corresponde por algo que quisieran que hicieras de más; lo malo está en que podría verse como falta de hambre o que no estás comprometido con la empresa y no deseas ayudarla a seguir creciendo, por lo que te podrían etiquetar de una forma incorrecta. Así que deberás cuidar las palabras o las acciones que realices a la hora de elegir en qué lado estás, tu futuro podría depender de ello.

En mi caso, creo que si a veces tienes que empezar de cero hay que hacer sacrificios para ser reconocido por los superiores; sin embargo, no hay que mal acostumbrarlos a quedarnos tan tarde trabajando o a hacer más de lo necesario por el mismo pago, hay cierto límite de tiempo para exigir que seamos mejor remunerados.

shares