March 13, 2017

La semana pasada, mi novia y yo celebramos nuestro aniversario de un año, de una forma poco usual para estos casos, pero que a los dos nos resultó de lo más agradable. Una de las razones por las que compaginamos también, es que compartimos varias aficiones; entre ellas, el futbol.

Nuestra comida de aniversario transcurrió de una forma nada convencional, pues en vez de acudir a un restaurante de lujo, reservamos en un bar deportivo, pequeño, pero acogedor, con elegantes pisos de madera y decorado al estilo de un pub irlandés. Ahí  vimos el partido de Barcelona contra Paris Saint-Germain, un partido que se veía ya cocido desde el resultado del partido de ida en París, donde el Barcelona fue aniquilado y superado durante todo el partido.

Esto fue en gran medida debido a que durante el primer partido, el Barcelona jugó muy flojo y con muy poco corazón, algo que los dioses del futbol nunca perdonan y castigan con severidad.

Cuando un equipo juega sin corazón, el funcionamiento de todo el cuadro, desde la portería hasta la delantera, pierde todo tipo de efectividad y de capacidad de hacer daño a la portería contraria, algo necesario para ganar cualquier partido de futbol, ya que sin goles no hay triunfo.

Cuando un equipo entra pecho-frío al terreno de juego y lo resuelve a la brevedad posible, los síntomas presentados son muy evidentes, síntomas que eventualmente conducen a una derrota segura y humillante, como fue la derrota del Barcelona en París y del París en Barcelona.

Uno de los síntomas más evidentes del pecho-frío en un equipo es, por supuesto la falta de precisión en todos los pases que dan, muchas veces regalando el balón al contrincante, algo que más seguido de lo que quisiéramos pensar puede terminar en gol, algo que sume más la moral y desorienta al equipo fuertemente.

Otro síntoma de un cuadro descorazonado es una tremenda falta de concentración en los jugadores, algo que previene a que cada individuo funja las necesidades de su posición, algo que por lo general resulta en la apertura de espacios en medio campo y en la defensiva, receta perfecta para sufrir una goleada humillante.

El último síntoma de un cuadro descorazonado y humillado es el calentamiento de la cabeza y la creación de muchas infracciones innecesarias, resultando muchas veces en penales y consecuentemente en goles en contra, además del problema de amonestaciones y expulsiones que pueden afectar a un cuadro por varios partidos y pueden muchas veces costar la clasificación a la siguiente ronda de cualquier torneo.

Si bien el Barcelona fue una quermés en París, el París fue una broma en Barcelona, cometiendo los mismos errores que el Barza en el partido de ida, pero mucho peores, siendo esta la razón por la que les marcaron dos penales en contra.

En ese partido, la generalmente potente ofensiva del París con Cavani y Dimaria fue una vergüenza y el portero del cuadro francés parecía no entender como se debe de parar un portero en tiros de castigo, lo que por supuesto resulto en desastre.

Aunque yo le iba al París, es evidente que no es ni cerca de la talla del Barza.

shares