January 26, 2017

El día de ayer, en mis clases de inglés, estábamos hablando sobre aquello que distingue a una persona fuerte de carácter de una persona débil en este sentido y las consecuencias que la fortaleza o la debilidad traen consigo, impactando nuestras vidas de una u otra manera.

La fortaleza de carácter es un tema que se debe de estudiar con cuidado, si es que queremos en algún momento en nuestras vidas llegar a alcanzar un estado fuerte, ya que es muy fácil confundirse en el sentido puro de este y por lo tanto emprender a otros caminos distantes a dicho punto.

La fortaleza de carácter comienza en la mente y se disuelve en otras áreas de nuestro ser, como el agua de un río que comienza en las montañas y termina uniéndose con las aguas del mar a distancias lejanas.

La fortaleza mental, si bien es la madre de la fortaleza de carácter, hemos también de saber el hecho de que, por lo general, este término está mal empleado o, mejor dicho, mal entendido, particularmente en la lengua hispana, ya que muchas veces pensamos que el que alguien cuente con un carácter fuerte significa que es una persona que arde con facilidad al ser mínimamente confrontada, cuando en realidad es completamente lo contrario, si es que nos apegamos estrictamente al significado de esta frase.

De hecho, un carácter agresivo y explosivo es simplemente el resultado de una absoluta debilidad mental del agresor, además de una falta tremenda de entendimiento de la situación en la que se encuentra, lo que es equivalente a tener un radar en mal funcionamiento.

La fortaleza mental y, consecuentemente de carácter, nace de habilidad absoluta de entender la naturaleza de las situaciones y no crear tormentas en vasos de agua donde no las debería de haber.

Esto aplica mucho en situaciones donde el ser humano no tiene poder alguno y que resultan de cosas totalmente ajenas a nuestro ser, por lo que es necesario entenderlas de este modo, creando un músculo mental fuerte y flexible, que sepa distinguir cuando los asuntos y las situaciones que acontecen son ajenas a nosotros.

La fortaleza mental proviene también estrictamente de no regresar al pasado cuando no lo es necesario y no vivir en él cuando el tiempo sigue su curso, ya que esto puede causar un sentimiento de injusticia, como le sucede a aquellos quienes viven de las glorias pasadas en tiempos no tan gloriosos o lejos de serlo.

Esto está muy conectado con el importante hecho de saber y entender que todos nosotros  somos absolutamente responsables de todo aquello que nos acontece, algo que crea una gran flexibilidad mental que da paso a la fuerza mental absoluta.

A su vez, siguiendo esta cadena de elementos, llegamos a una de las raíces y síntomas de una fortaleza mental sólida, el aprender a alegrarnos de los logros de los demás, en vez de resentirlos.

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