Una de los hábitos más ricos que tenemos los seres vivos y en especial los humanos es el dormir.

Llegar a casa y después aterrizar en tu cama para descansar hace que tu cuerpo te lo agradezca enormemente.

Este descanso se vuelve placentero si concilias el sueño y alcanzas ese sueño profundo para amanecer descansado y listo para un nuevo día.

Y así como lo es el comer y respirar, el sueño es un componente vital para nuestra salud.

Si bien cada persona es única en todos los aspectos, es importante que en este tema del sueño logres conseguir el dormir la cantidad correcta para impedir enfermedades, ya que está altamente documentado que existe una relación estrecha entre la falta de sueño con una variedad de trastornos, como enfermedades del corazón, diabetes y obesidad entre otros.

La falta de sueño también nos ocasione problemas de “personalidad”.

Así es, a veces despiertas y por arte de magia te sientes “Hulk” ¿no te ha pasado?

Esto significa que cuando nos encontramos de mal humor e incluso con las ideas nebulosas, o sentimos que la creatividad no está activa, se debe principalmente porque no descansamos adecuadamente o lo suficiente.

Una buena dosis de sueño de forma continua te ayudará a aumentar tu felicidad y tu capacidad de pensar creativamente.

Como te mencionaba, cada uno tiene su propio reloj biológico, más el promedio de los adultos necesitan alrededor de 7 a 8 horas.

Y ahora ten presente este espeluznante dato, algunos estudios han demostrado que si durante dos semanas duermes menos de tu promedio de sueño estarás dando lugar a los mismos déficits mentales como no dormir en absoluto durante 3 días.

Como notarás, esto es extremadamente malo para tu estado de ánimo. Así que con solo descansar adecuadamente estarías dejando a un lado el mal humor, lo irritable o deprimido.

Otro tema sorprendente que también está asociado con el descanso adecuado es el control de peso.

Y una de las razones de esto está asociada al comportamiento. Por ejemplo, si estás cansado, será menos probable que vayas a trotar o cocinar una cena más saludable.

Otra razón para esto es la secreción de la hormona leptina, que se distribuye menos a través del cuerpo cuando te privas de sueño. La falta de esta hormona en realidad te produce más hambre y se incrementa el antojo hacia los alimentos ricos en grasa y colesterol.

La parte más alarmante en cuanto al peso y el no dormir adecuadamente se encontró en un estudio cuando identificaron que justo después de cuatro días de sueño interrumpido, las personas presentaron niveles de glucosa en sangre que los calificó como pre-diabéticos.

Esto no es para tomarlo a la ligera… el dormir bien te mantendrá alejado de varias enfermedades que se vuelven crónicas y que resultan fatales a la larga, por lo tanto no descuides tu sueño.

A cambio, ofrécete la oportunidad de dormir bien. Esto lo consigues teniendo un buen colchón y el descansar en una habitación adecuada.

Visita las diferentes tiendas de colchones para saber cuál se adapta a tu biotipo y adecua correctamente tu habitación. Prepara una rutina del “buen dormir” y desarrolla buenos hábitos.

Todo lo que puedas prevenir en pro de tu salud vale… lo demás será lo de menos.

El mes pasado, antes de que iniciaran las vacaciones en la escuela de mis hijos, se llevó a cabo una reunión entre el comité de la escuela y la Stadium Chair Company (una empresa que vende mobiliario para estadios).

La escuela se propuso remodelar las instalaciones deportivas (gimnasio y canchas), con el objeto de fomentar el hábito del ejercicio en los alumnos. Lo único que falta es acondicionar las gradas, para estar en condiciones de recibir público en los partidos, pues tal sería otra motivación para los integrantes de los equipos. Por ello es que se han tenido reuniones con varios proveedores, para establecer el trato más accesible.

A mí, así como a la mayoría de los padres de familia, me parece excelente que la escuela invierta en algo que se traducirá en beneficio de los niños. Y, definitivamente, las actividades deportivas brindan incontables beneficios para los niños y adolescentes; favorecen su desarrollo físico y mental; les ayudan a desarrollar hábitos como la perseverancia y la tenacidad; los enseñan a trabajar en equipo y dan una orientación positiva a sus energías.

Sin embargo, me pregunto si para fomentar el deporte y desarrollar todo su potencial siempre es necesario hacer cuantiosas inversiones. En la escuela donde yo estudié no teníamos instalaciones deportivas tan bien equipadas como las del instituto al que asisten mis hijos.

Contábamos con un “deportivo”, que en realidad no era más que un amplio patio circundado por una gradería. En el suelo estaban marcadas las líneas reglamentarias para los deportes que practicábamos a lo largo del año; si tocaba futbol, se instalaban unas pequeñas porterías en cada extremo; si era temporada de voleibol o bádminton, no había más que colocar la red y para el básquetbol se hacía uso de las canastas. También teníamos unos colchones para gimnasia y varios neumáticos viejos, que se usaban para crear pistas de obstáculos.

El caso en que en cada clase de deportes hacíamos doble trabajo; primero, el que implicaba mover e instalar lo necesario para la práctica en cuestión y después, el ejercicio como tal. A la luz de lo que sucede hoy en la escuela de mis hijos, las condiciones de la mía parecen muy limitadas. Sin embargo, el hecho es que, según recuerdo, en mi generación eran contados los niños que presentaban algún problema relacionado con el sedentarismo y el sobrepeso, mientras que hoy en día, es alarmante la forma en que se han incrementado las condiciones de sobrepeso y obesidad entre niños y adolescentes.

¿Qué sucede entonces? ¿Qué necesitamos realmente para fomentar la práctica del deporte entre las nuevas generaciones y contrarrestar todos los problemas que acarrea consigo el sedentarismo?

Como ya mencioné, la inversión en equipo e instalaciones deportivas no es una mala estrategia y si la institución está en posibilidades de llevarla a cabo, ¡adelante!, conviene hacerlo. Sin embargo, el punto más importante es inculcar una cultura deportiva desde temprana edad. Y esto no sólo en la escuela, sino desde los hogares. En la medida en que sepamos transmitir y enseñar mediante el ejemplo el gusto y el interés por deporte, será más sencillo que las nuevas generaciones encuentren los medios para practicarlo.